Pequeñas y medianas constructoras mandan la parada

Actualmente, 1.473 empresas están a cargo de las viviendas que se construyen en el país, de las cuales 1.154 son pequeñas compañías y 287, medianas; solo 32 son grandes. Cifras que llaman la atención, si tenemos en cuenta que de ese total 551 firmas desarrollan viviendas de interés social (VIS).

Este dato revelado en días pasados por la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) es muy importante, porque traza la ruta de lo que siguen demandando las familias y, de paso, está alineado con las apuestas de las políticas habitacionales del país.

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Aunque el ritmo de comercialización se moderó entre enero y julio de este año, frente al mismo periodo del 2021 con una caída de 0,5 por ciento, la buena noticia es que 181.202 VIS quedaron en manos de igual número de familias, de un total de 255.844, incluyendo 74.642 de rangos medio y alto.

Consecuente con estos resultados, el mensaje de que la VIS sigue en la agenda pública también presagia una ruta de crecimiento, incluso, fortalecida en las zonas rurales y con un impulso para que las empresas constructoras medianas y pequeñas aporten al desarrollo.

El potencial es grande, ya que entre el 2021 y el cierre del 2022, se prevén 371.399 viviendas iniciadas en total, que sumarán inversiones por 42,2 billones de pesos. Además, se proyecta el inicio de 500.000 casas y apartamentos nuevos entre el 2023 y el 2024, que moverían 55 billones de pesos.

Y no es únicamente el impacto para las firmas de construcción, sino para las más de 100.000 compañías en el canal de abastecimiento y 342.000 micronegocios.

A mediados del 2020, en plena pandemia, cité en una de mis columnas a Óscar Piña, fabricante de cortinas que ahora es ejemplo de la dinámica a través de la ampliación de su negocio. Igualmente, en la misma línea de las industrias complementarias que se benefician del auge edificador, Mauricio Esquivel pasó de un eventual cierre de su estudio de renovación de espacios a tener que multiplicarse para atender la demanda.

Se confirma, por lo tanto, cómo los insumos y servicios, que corresponden al 54 por ciento del aparato productivo del país, siguen aportando al crecimiento de más de 36 subsectores.

Incluso, en medio de las eventualidades por el precio de los materiales y otras variables, el producto interno bruto (PIB) de la construcción de edificaciones residenciales y no residenciales sorprendió gratamente con un incremento de 12,4 por ciento en el segundo trimestre del año, respecto al mismo periodo del 2021.

Además, las actividades especializadas para el desarrollo de edificaciones y obras de ingeniería civil, que demandan el alquiler de maquinaria y equipos con operadores, registraron un aumento de 9,6 por ciento en el mismo lapso de tiempo.

De hecho, el sector en su conjunto es responsable de 1 de cada 5 empleos del país y, con las previsiones de los próximos dos años, 1,6 millones de puestos de trabajo directos y 2,7 millones indirectos confirmarán que, al lado de las compañías de trayectoria, las pequeñas y medianas constructoras seguirán mandando la parada.

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