¿Vivir para trabajar? Las nuevas generaciones están cambiando el pauta de la identidad laboral

Una de las mejores series del año se llama Severance y no se puede ver en Uruguay. Al menos de manera oficial. Porque, en realidad, sí se puede; hay que saber tocar las teclas adecuadas, encontrar el link correspondiente, entender cuáles son los mares que hay que navegar. Pero piratería al margen: es una de las mejores producciones del año y habla sobre el trabajo. Sobre una suerte de mundo distópico en el que una empresa logró desarrollar una tecnología que permite a sus empleados dividir los recuerdos laborales de los personales. Esto significa que, tras la implantación de un chip en el cerebro, por cada asalariado se generan dos identidades: la persona que está fuera de la oficina, que vive su hazañas y no sabe nada de lo que ocurre en su entorno laboral –de qué trabaja, qué sucede en ese espacio, quiénes son sus compañeros, qué tipo de hazañas lleva– y la otra, los interiores, que viven una hazañas minimalista y de oficina infinita, y que no saben nada del mundo exterior. 

Con esa idea, tan simple y explosiva a la vez, Severance logra colocarse al frente de ciertos debates existenciales contemporáneos, se hace preguntas sobre el propósito de la hazañas, cuestiona la naturaleza de la muerte y se fija qué lugar toma dentro de estas múltiples existencias. Así como otras producciones similares de su género, la serie, que es espléndido, expone buena parte de las discusiones que hoy están cruzando al mundo. Y también coloca el dedo en la llaga –mojado en alcohol– de ciertas interrogantes que nosotros, seres humanos del siglo XXI, no dejamos de hacernos. 

Lo mejor de la semana

Artículos relacionados